@CarballodeTroya

«Para disfrutar hay que profundizar»

Mi hermano es budista y no lo sabe

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no como Rodrigo Rato

Pero NO, esta vez no me voy a meter con Rodri. De hecho, lo que voy a hacer es tomar una petición que me hicieron en los comentarios de un post sobre que no profundizo del todo en los temas. Vamos a ver hoy qué tal…

Lo primero pido disculpas por desvelar algunos detalles privados, pero los considero imprescindibles para el relato que viene. Ademas, los “delitos” ya han prescrito, o eso espero…

Un día me encontraba con 14 años ayudando a mi padre a instalar unos armarios en casa, acabábamos de comprar una casa demasiado cara y había que ahorrar en todo. El bricolaje no era su especialidad y he heredado la misma torpeza. El hecho es que no paraba de darse martillazos en los dedos y cagarse en Dios con una sincronicidad digna de medalla y ,de vez en cuando, la pagaba conmigo enviándome al sótano a buscar herramientas que era imposible encontrar en un cajón revuelto tras una mudanza chapucera. Bajaba las escaleras acojonado porque el día no parecía que fuera a tener un happy end y subía más acojonado aún. Y nunca acertaba, lo que me metió, junto con Dios (algo es algo), en la check list de los insultos.

En esas apareció mi hermano, “el budista”, y le preguntó con mucha pausa a mi padre qué necesitaba: bajó al sótano, se tomó su tiempo, encontró la herramienta, subió y arreglo lo que mi padre había roto. Con un sencillo movimiento y desde una tranquilidad asombrosa fue capaz de transformar una situación que no pintaba nada bien en… Paz.

rayos y truenos

Más adelante, en una de esas épocas oscuras que nadie quiere vivir, pero que nos permite más adelante disfrutar todo con más calidad, sucedió que tras la separación de mis padres mi madre estuvo bastante deprimida. Tanto que la convivencia se hacía insoportable y, en el mismo pasillo de los armarios, me encontré a una de mis hermanas desesperada intentando hacerla entrar en razón a base de empujones y tortazos. Y yo moralmente apoyaba a mi hermana. Y, de nuevo, apareció el jodío “budista” encubierto: separó a ambas, le susurró unas palabras a mi madre y se la llevo a su cuarto a descansar. Es casi imposible entender la belleza de algo así si no conoces todos los antecedentes de la situación…

Y, por último ejemplo, en una época aciaga para mí, en la que había dejado de estudiar y me encontraba trabajando de dominguero en El Corte Inglés,  y con una autoestima sobrepasada y distorsionada por trípis y más chuches; llegué un día a casa a las 7:00am y me tenía que ir a trabajar, y no tenía fuerzas. Estaba tumbado en un sofá llorando roto como no recordaba (yo, no el sofá, que también) , todo iba de mal en peor. Y, aunque la casa era grande, mi hermano, “el budista”, se despertó y bajó. Me abrazó y me puse a llorar más. Le dije que no valía para nada y me dijo muy tranquilamente: Tú vas a hacer cosas muy grandes. Escribir esto y no llorar es imposible, porque casi al día siguiente tomé la decisión de volver a estudiar y las cosas, con algunos tropiezos voluntarios, han ido muy bien desde entonces. No sé si he hecho cosas muy grandes o pequeñas y me importa poco, lo que sí se que el camino desde aquél sofá y esas palabras, el salto de buena vida y de comprensión y disfrute (que es lo que más me gusta),  se han multiplicado de una manera extraordinaria.

Algo parace imposible hasta que está hecho

Y son solo tres ejemplos de un tipo normal, mi hermano Roberto, que son de los menos importantes en su vida, pero no te preocupes la idea no es endiosarle (que no le gustaría) ni aprovechar este post para pedirle un préstamo (tampoco le molaría) y, además, que sería profundamente injusto con mis hermanas Eva y Ana. Tres grandes regalos de hermanos para un vida que no fue fácil por momentos…

Es más bien para recordarme que si una persona como mi hermano al que le dan urticaria las iglesias, no le hables de Dios, energías, o lo siguiente que se parte el culo, tiene esas respuestas en su interior que transforman situaciones potencialmente dramáticas en momentos inolvidables, es porque es “budista” y no lo sabe. Y él piensa que no es nada especial porque le sale natural y, encima, no es tema solo de él,  sino millones de personas que sin darse importancia cuidan de otros, ayudan a otros, defienden a otros o a sí mismos: madres solteras o padres sin custodia, refugiados alrededor del mundo, trabajadores/as explotados/as, LGTB en países donde no se puede serlo con dignidad y en los que sí, enfermos “raros”, etcétera, etcétera, etcétera…

Y, no sé porque,  me ha dado por pensar que pese a que parece que todo está fatal,  siento que en realidad el mundo es “budista” y no lo sabe, que seguramente tú lo seas y no lo sabes. Porque que si uno mira bien y se mira bien, son muchas y diminutas porciones de amor (y no los superhéroes o súperpoderosos que nos venden o el sexo enlatado) las que mueven el mundo de una manera tan rotunda y tan poderosa, que acabarán por transformarlo todo.

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Manuel Carballo

Disfrutón de la vida a tiempo completo y metido en mil líos profesionales que te invito a descubrir. No olvides que ¡para disfrutar hay que profundizar!

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